lunes, 10 de mayo de 2010

LO QUE AYER ME ENAMORO, HOY ME PARECE INSOPORTABLE

Hoy te proponemos entrar en la mente del amante y conocer cómo piensa y siente luego de permanecer en una relación afectiva por largo tiempo. Y lo haremos guiados por Sol, una joven argentina de 22 años, estudiante avanzada de Psicología y asidua colaboradora en Amor y Relaciones desde hace un año.

Razones de las decepciones y formas de hacerles frente

El paso del tiempo, la convivencia, hacen que nuestro “príncipe azul” ya no sea aquel que despertó a la “bella durmiente” de su largo sueño. Es en consecuencia lógico preguntarse:

¿Por qué aquél hombre tan seductor, que hace un tiempo atrás nos enloquecía, hoy nos resulta detestable?

Ésta y otras preguntas, son las que se formulan muchas mujeres cuando se desata una crisis de pareja, porque aquel “príncipe azul” comienza a mostrar su forma de sapo. Esto, obviamente, provoca una gran decepción, pero hay varias formas de evitar que ese príncipe soñado se desdibuje demasiado.

Cuando se está en la etapa de enamoramiento absoluto, atribuimos virtudes a nuestra pareja, que obedecen más a nuestra capacidad de construir al hombre que soñamos, que a los atributos reales de esa persona. Pues todos tenemos un modelo inconsciente de pareja, que será la base para nuestra pareja ideal. Entonces, cuando alguien nos da señales de corresponder a ese modelo inconsciente, sin percibirlo, nuestra imaginación hace que le agreguemos características para que se corresponda con ese modelo ideal inconsciente. Justamente, como se trata de un mecanismo inconsciente, cuando el tiempo comienza a mostrarnos que ese modelo de hombre real, no corresponde con nuestro modelo ideal, nos decepcionamos.

Es muy común escuchar, que el tiempo y la convivencia desgastan la pareja, aunque esta afirmación no siempre es tan certera. Más bien, comenzamos a ver al otro tal como es y no como nosotros lo idealizamos. Esa desidealización, puede ser brusca o paulatina.

Pero opuestamente a lo que se cree, es bueno que ésto suceda, pues no se puede vivir en un estado casi hipnótico, amando más a un ideal que a alguien real. Y en muchos casos, el vínculo, lejos de desaparecer, se afianza. Comenzamos a ver a ese ser desde otro punto de vista y es importante tener en cuenta que todo ser vivo cambia, evoluciona y se transforma, y si una pareja cambia, es porque está viva. Otra de las razones de esa decepción, es que nos enamoramos de un rasgo de carácter, de una virtud, de una cualidad, y creemos que esa cualidad particular, es el todo.

Creemos que un buen sexo en una pareja es todo, que alguien dulce y tierno, lo es en todos los órdenes, o que la inteligencia que ese ser tiene, la posee en todos los ámbitos de su vida. Pero ésto no es necesariamente así, pues la contradicción es un rasgo humano, no somos todos iguales, somos seres heterogéneos, y no actuamos igual en todos los ámbitos de nuestra vida.

Otra de las razones, es que no somos capaces de proyectar en el tiempo y el espacio, la característica que nos deslumbró de nuestra pareja en el primer instante. Muchas veces nos enamoramos de alguien que se desenvuelve de una manera totalmente opuesta a la que nosotros estamos acostumbrados. Y justamente, eso es lo que nos atrae.

Entonces, es positivo imaginarse, cómo sería la convivencia con alguien tan diametralmente opuesto a nuestras costumbres. Por ejemplo, te has enamorado de un deportista, pues te fascinó su habilidad deportiva, su destreza en esa actividad, pero con el tiempo, te sientes harta de que se dedique tanto al deporte. Otro ejemplo, te has enamorado de un intelectual, que es feliz con lo suyo, pero que no tiene el más mínimo interés por temas materiales, y tú pretendes que sea un empresario y buen administrador económico y financiero.

El problema, no está en nuestra pareja, sino en nosotros mismos, pues no tuvimos la capacidad de imaginar una vida al lado de alguien con una cualidad que nos deslumbró. Entonces nos decepcionamos, no porque el otro se comporte de manera contradictoria con su identidad, sino porque, sabiendo cuál es su esencia, le pedimos que se comporte como si tuviera una identidad diferente.

Otra razón: Nadie evoluciona igual ni de forma pareja. Muchas veces, ese rasgo que nos enamora, tiene fecha de caducidad.

Por ejemplo: vienes de una relación con alguien posesivo, celoso, poco afectuoso, y de pronto conoces a alguien que te ofrece afecto, ternura, comprensión, que te tiene confianza, entonces, es probable que te enamore esa cualidad, pues te relajas y disfrutas tener a alguien tan maravilloso a tu lado.

Pero con el tiempo, esa seguridad, se vuelva en nuestra contra. Pues al estar demasiado seguros del amor que nos brindan, ya no nos preocupamos tanto por la seducción, por la conquista. Precisamos algo más.Sin embargo, lo positivo es encontrar lo que nos motivó a enamorarnos de ese ser. Es importante saber que los motivos de ese enamoramiento pueden ser renovados, y ésto es una tarea de ambos integrantes de la pareja: lograr descubrir aquello que los enamoró, que los acercó y valorarlo, en lugar de preocuparse tanto por esos desencuentros que existen en todas las parejas.

La última de las razones de las decepciones, es pensar que podemos cambiar a nuestra pareja, para que se ajuste a nuestro modelo de pareja ideal. Esto nunca sucede, es posible modificar algunos aspectos, más no así una identidad. Una pareja no es una prenda que se puede achicar para que se ajuste a nuestro cuerpo.

Recuerda siempre que una actitud positiva es imprescindible para detectar y valorar las virtudes del otro, pues a veces, el hecho de exigir tanto lo que no posee, nos priva de disfrutar de todo lo que posee, de todo lo que es capaz de ofrecernos. Contáctate con tu pareja, habla siempre acerca de lo que te agrada y de lo que te desagrada. Rescata aquello que los unió, que los enamoró, aquello que los instó a compartir una vida en común.

Si hay algo que una pareja jamás debe perder, es el diálogo y la comunicación.

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